CUBA: AÑO 0

A propósito del cinefórum sobre Habana Blues

El pasado jueves 18 de junio celebramos, junto a la asociación Asprojuma y la Escuela de Espectadores, un cinefórum alrededor de Habana Blues, la película de Benito Zambrano. La vocación del acto era la misma que anima a la cinta: hablar de Cuba, de su pueblo, de su gente, sin entrar en la política de trinchera, en un momento en que la presión sobre la isla es máxima. Y también, denunciar el abandono de España y de Europa ante lo que hoy está ocurriendo allí, donde, esta vez sí, existe un bloqueo casi total: empresas españolas expulsadas, y hasta el mítico vuelo de Iberia entre Madrid y La Habana suspendido.

En la mesa nos acompañaron Yailo Beltrán, artista y cantante cubana nacida en La Habana y afincada en Málaga, con una historia muy cercana a la de los protagonistas de la película; Carlos Romagosa, escritor e integrante de Son de las Ramblas, grupo catalán especializado en el son cubano y profundo conocedor de la idiosincrasia de la isla; y, junto a ellos, mi hija Helena, de diez años, que se define a sí misma como malagacubeña, que ha pasado sus veranos con su abuela cubana y ha vivido de cerca ese modo de estar en el mundo. Igual que hace la película con la mirada del niño, me pareció necesario incorporar también la visión infantil.

La proyección se disfrutó sin sobresaltos. Fue en el debate posterior cuando algunos asistentes, ajenos al público habitual del cinefórum, reprocharon a la mesa no contar con un representante de la corriente oficial cubana, mientras otros gritaban la palabra genocidio. No entraré en la identidad de esas personas, que flaco favor le hacen a la causa que dicen defender. No era ni el sitio ni el momento, y deslucieron un acto que pretendía poner en contexto la realidad actual de la gente de la isla y su abandono.

Porque de eso se trataba. Tras sesenta años de revolución, Cuba y su gente viven hoy una realidad exhausta, donde falta de todo. Una revolución que, para generaciones enteras, tuvo una mítica romántica: se levantó contra un estado mafioso, en un contexto en que la política de Estados Unidos en toda Sudamérica era de claro intervencionismo, colocando y derrocando gobiernos a su antojo. Cuba se irguió con un orgullo libertario que conmovió al mundo, resistiendo esa presión. Pero esa misma resistencia obligó a un enroque que el poder cubano no ha sabido gestionar, y que hoy, en las circunstancias actuales, parece llegar a su fin.

Cuba levanta pasiones. Y quienes conocemos y queremos esa isla vivimos con preocupación estos momentos que sentimos terminales. El pueblo cubano está agotado — la voz de esta nación cansada que canta la banda sonora de la película—, sin herramientas intelectuales ni materiales para afrontar un cambio que, sin embargo, en este momento de su historia, el de una isla abandonada por todos, parece empujar inevitablemente a un fin.

De ahí el título: Cuba año 0. No como punto final, sino como el instante en que algo termina para que, quizá, algo distinto pueda empezar. Lo que vimos el jueves —una película, tres generaciones distintas sentadas a la misma mesa, un público que quiso escuchar y otro que solo quiso gritar— es también un retrato fiel de la propia Cuba de hoy: un país que busca hablar de sí mismo en medio del ruido de quienes ya han decidido de antemano lo que hay que pensar.

Seguiremos hablando de temas candentes como Cuba en este cinefórum, como hemos hablado de la corrupción, del conflicto árabe, del consentimiento,. Porque el cine, cuando se mira sin consignas, sigue siendo el lugar donde es posible pensar juntos lo que la política, sola, ya no consigue nombrar.

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